ROMA, es una película -una ciudad- construida entre los recuerdos y los sueños, en esa forma de realidad intima a la que llamamos memoria.

La película se trata de un año, aproximadamente, en la vida de Cleo, una trabajadora doméstica en una familia de clase media. Resumirlo así, es como decir que "Y tu mamá también" es una road movie adolescente. Es cierto, la anécdota es elemental, pero es la forma en la que está contada lo que la vuelve extraordinaria.

Como su título, la película se mueve en planos de significados simultáneos. Al decir ROMA uno habla de una colonia y de ciudades; es jabón y es amor. Así, la historia de Cleo, es la de su pareja, la de su familia y la de un país inmerso en un momento de ruptura social: todo sucediendo al mismo tiempo, de forma individual e inseparable.

El costumbrismo de las escenas y del diálogo -el trapeado del piso, una visita al cine, o una consulta médica- se contrapone con el perfeccionismo de su lenguaje fílmico: una estética de diseño italiano: intensidad minimalista, blanco y negro en la fotografía y en el sonido, que la colocan en el Olimpo del cine urbano y bicolor junto con Manhattan de Woody Allen, 8 ½ de Fellini, Los olvidados de Buñuel, Mahanagar de Satyajit Ray y Tokio Storyde Ozu, por nombrar algunas.

ROMA es una película muy mexicana y muy chilanga. Es una carta de amor a la Ciudad y a las personas determinantes en la vida, escrita con la pátina plateada de la nostalgia. Uno sabe que va envejeciendo cuando la ciudad va cambiando. Ahí era una gasolinera, aquí vendían hamburguesas, esto era un parque. ROMA, en diseño de producción, es una máquina sinóptica: la ciudad que fue y la ciudad que es. Como la sonrisa inocente de Cleo, en la pantalla nos abraza la familiaridad del país en el que vivimos o vivieron nuestros padres, cuando hasta el más mínimo detalle, como un paquete de cigarros o botellas de vinagre, fue cuidado con el mismo esmero que reprodujo avenidas enteras y edificios que ya no existen.

Decir que Cuarón es el autor de la obra es quedarse muy corto: la escribió, fotografió, dirigió y editó. Este nivel de intimidad va mucho más allá del plano técnico, se transmite a cada elemento de la producción y a las actuaciones, logrando que el vínculo llegue directo al espectador. Pero, por más control que se tenga, hacer cine es un trabajo de equipo, y en este equipo, las actuaciones son tan espectaculares por la misma razón que la producción. Yalitzia Aparicio deslumbra a través de la sutileza. La fuerza de su actuación nace desde la profundidad de su mirada indígena, la paz que habita en el silencio, que no juzga ni pide nada a cambio. María de Tavira no se queda atrás. Juntas ejemplifican la esencia del feminismo: el valor de a ser mujer, de seguir adelante, en contra de todo y todos; de desafiar al clasicismo, al racismo y a la cobardía irresponsable del machismo, con el simple hecho de nunca rendirse, de nunca abandonar y de amar sin condiciones.

Por eso ROMA es una obra maestra, porque es honesta y directa. Porque representa el heroísmo cotidiano donde reside la humanidad de nuestra alma. Por eso, ROMA es eterna.

Si no quieres esperar hasta el 15 de Diciembre para ver ROMA en Netflix, te dejamos este link http://cinesroma.mx en donde podrás consultar la cartelera para ver ROMA en cines de la CDMX.