Bahidorá es una comunidad envidiable

La edición 2020 celebró el crecimiento de uno de nuestros festivales favoritos

Foto: Fernando Omedé - @feromede

Considero que lo más importante para disfrutar un festival musical siempre empieza por la gente que asiste y la comunidad que la unión de miles de ellos pueda generar. El caso de Bahidorá continúa impresionándome cada año que pasa y se va convirtiendo en uno de los eventos más únicos y sólidos no solo de México, sino de América Latina.

Este año tenía puesta la mira escuchar, sentir y vivir la experiencia completa del festival y es que desde las diferentes atracciones que naturalmente ofrece el Parque Natural Las Estacas, pasando por la gran oferta gastronómica que existe, el staff trabajando arduamente bajo el sol para ayudar y ofrecer una sonrisa siempre, ayuda para ser una experiencia que hace concentrarte en lo más importante: divertirte al lado de quien sea que te acompañe.

La idea de acampar en un lugar lleno de gente y con condiciones de temperatura elevadas, nunca suena a una tarea fácil por cumplir (hola, Coachella), pero Bahidorá tiene resuelto el tema de forma magistral y de llevar años escuchando sobre historias divertidas, de terror y de incomodidad total, este año, por lo menos en mi entendimiento, nada pasó a mayores.

La gran virtud del ambiente natural que vives en este evento lleva a la generación de una comunidad única que ayuda a estar consciente de lo importante que es el respeto a diversos temas que en muchos festivales no ocurren así de natural. Bahidorá es naturalmente llamado un "carnaval" y sabemos todas las aristas que una definición así puede llevar, pero el comportamiento en general de los que asistimos es el de ayudar el uno al otro, perder inhibiciones de manera responsable y convivir armónicamente.

Gracias a la maravillosa época en la que vivimos en cuestión cultural, el lineup de Bahidorá permitió una amplia gama de géneros en sus diferentes escenarios. Sotomayor, quienes son de los artistas más increíbles del momento en México, arrancaron las actividades del escenario Sonorama con un set que me atrevo a decir, marcó la pauta de fiesta que viviríamos todos ese día, además de que se les debe felicitar por su nuevo disco recientemente liberado.

El río y las diferentes albercas que se encuentran en el parque resultaron los momentos perfectos para tomar un descanso y convivir con tus amigos para prepararse e ir a bailar con el siguiente acto en tu lista, después de hacerlo, fuimos a ver a Pauza, el par de DJs cubanas que se han hecho de nombre y reputación increíblemente sólidos en la escena electrónica y con su set de 2 horas en el escenario El Amate, vieron caer la noche con una mezcla de fiesta y luces que nos hizo la transición hacia la noche como cuchillo en mantequilla.

Estando listos para más, Goldlink se presentó en el escenario principal para continuar con sus rimas y su hip-hop merecedor de premios, este acto pareció como la escapatoria perfecta para escuchar algo diferente para bailar a su ritmo y entrar en relajación total.

Llegó el momento para tomar un descanso y Erykah Badu sorprendió con un pequeño retraso que definitivamente valió la pena. Hay una sensación mágica que existe dentro del ser de esta artista que te hace pensar que nunca habrá dos iguales, es ecléctica a más no poder, tiene una presencia imponente en el escenario, conecta de inmediato con su audiencia y su voz es de otro planeta. Las bondades de la tecnología nos dejaron la experiencia de un show destacado de luces, incluso una luz en específico funcionaba como una especie de barrera cósmica que hacia ver a Erykah como una reina del espacio tocando el planeta Tierra. Por cierto, su clásico “Hello", incluyo una traducción literal para sonar bilingüe y combinar “Hola" y “Hello", lo cual nos deja cruzando los dedos para que algún día Erykah se anime a grabar una versión alternativa.

Antes de irse del escenario, Badu agregó: “Soy de Texas, pero Texas es de Mexico", lo cual nos hizo amarla aún más.

Terminar la noche y aguantar todo lo posible en la fiesta es la tradición de los sábados por la noche en Bahidorá y después de hacer un último recorrido por el parque y tomar una cena que caía como gloria, fuimos a presenciar la genialidad de Avalon Emerson haciendo un B2B con Jasss en vivo, a todo volumen y con el set de luces único que El Amate nos ofreció con su escenografía llena de triángulos de madera emulando a las famosas papas fritas que todos hemos consumido. La capacidad de juntar sonidos de estas dos productoras destacadas de la industria hicieron que la noche explotara en éxtasis y no tengo las suficientes palabras para agradecer a los organizadores del festival por tener la sensibilidad de haber elegido este acto para presentarse, a mi parecer este set es de lo que marcó Bahidorá no solo en su edición 2020, sino en toda su historia.

Para finalizar esta pequeña crónica solo pienso en un cosa: que Bahidorá se repita siempre.

Cobertura, texto y fotos: Irene Heras & Fernando Omedé