El nombre de este director es sinónimo de misterio, suspenso y thriller, géneros que se disfrutan de manera peculiar durante esta época del año y que él supo llevar con sofisticación al séptimo arte, transformando lo ordinario en extraordinario. Este genio del cine usó la cámara de tal manera que ésta avanza más allá de la historia, introduciendo efectos y diálogos cuando son absolutamente necesarios, al igual que las palabras adecuadas. Su terror poco convencional explora las ansiedades transformadas en debilidades de la humanidad.

Hitchcock no escogió convertirse en director de cine, fue poco a poco que se fue acercando a este medio, primero haciendo trabajos pequeños que después lo llevaron a desempeñarse como guionista, director de arte o asistente de dirección. Fue en 1925 cuando el cineasta dirige su primera entrega: El jardín de la alegría (The Pleasure Garden) y sin embargo, El inquilino (The Lodger) fue el primer filme en el que mostró lo inimitable de su estilo, huella que ha sido llevada a la pantalla chica, inspirando capitulos de la reciente serie Bates Motel.

 

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